ORESTES in «Die Orestie: Die Eumeniden» I.

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Acto III 

Orestes y Atenea. 

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ORESTES: Soberana Athena, ante todas cosas te libraré de ese grave cuidado que revelan tus últimas palabras. No vengo a ti menesteroso de expiación, ni me abracé a tu imagen con las manos manchadas por el crimen. Yo te daré prueba cierta de ello. La ley reduce a silencio al matador mientras la sangre de tierna víctima no le purifique de su mancha. Tiempo ha que así expié mi delito, y corrí casas extrañas y tierras y mares. Sobre esto, pues, desecha todo cuidado. En cuanto a mi linaje, al punto vas a saberlo. Soy de Argos; a mi padre Agamenón bien le conociste, que él fue el capitán de la armada griega, y con su ayuda arrasaste no ha mucho la ciudad de Ilion. Vuelto a su casa, halló la muerte, y no con gloria, sino que mi madre con negras entrañas le mató, envolviéndole en la red de traidor artificio. Testigo es aquel baño donde corrió su sangre. Yo estaba huido hacía tiempo, más por fin volví de mi destierro, y maté a la que me parió; no he de negarlo ahora. Pagó con su muerte la muerte de mi amadísimo padre. Cómplice mío fue Loxias, que me anunció grandes males de no castigar a los autores del crimen; con que puso acicates a mi voluntad. Decide tú si obré en justicia o no. A ti remito la causa: cualquiera que sea la sentencia, yo la acato.