ODYSSEUS in «Der Kyklop»

300+ Monologe als PDF-Datei

Acto I  

Ulises (Odiseo) con el coro. 

Buch jetzt bestellen

Ulises: En cuanto entramos en la cueva lo primero que hizo fue encender fuego, echando sobre el ancho hogar los troncos de una enorme encina que hubieran sido carga suficiente para tres carros no pequeños. Extendió después en el suelo una capa de hojas de abeto y colocó este lecho junto a la lumbre: ordeñó luego sus vacas y llenó de blanca leche una cratera, como de diez ánforas y la puso junto a si con un vaso de hiedra, que bien tendría cuatro codos de profundidad por tres de ancho. Hizo hervir enseguida el agua en una caldera de bronce; preparó asadores de espino de puntas endurecidas al fuego, y vasos del Etna torpemente desbastados con el hacha. Dispuesto todo, el impío cocinero de Plutón, aborrecido de los dioses, arrebató a dos de mis compañeros y los mató con cierta regularidad hija de la costumbre; al uno lo arrojó a la caldera de bronce; al otro lo cogió por el talón y lo estrelló contra la aguda punta de una roca; los sesos saltaron a la violencia del golpe: cortó su carne en pedazos con un espantoso cuchillo: puso a asar parte de sus miembros y echó los restantes a la caldera, para que se cociesen. Yo, infeliz, derramando lágrimas amargas tuve valor para acercarme al Ciclope y servirle; pero mis compañeros ocultos como aves espantadas en los entrantes de la roca se estremecían de terror y sentían helárseles la sangre en las venas. Cuando el monstruo harto de la carne de mis amigos se tendió en la caverna, tuve una inspiración divina. Llené una copa de este mismo vino de Maron y se la presenté para que bebiera, diciéndole: Ciclope, hijo del Dios del mar, mira qué celestial licor, delicias de Baco, exprime la Grecia de sus vides.» El, repleto de sus abominables manjares, la tomó y la apuró de un trago y levantando las manos, dijo en su elogio: «No puede negarse, amabilísimo huésped, que es un licor excelente para digerir mi excelente comida.» Viéndole tan alegre, le presenté otra copa, comprendiendo que el vino le dominaría y le daría después el condigno castigo. Así fue. Pronto empezó a cantar, y yo a darle copa tras copa y a enardecerle el estómago con aquella fuerte bebida. Ahora, mientras hace resonar la caverna con sus toscos cantares que se mezclan a los lamentos de mis amigos. yo, resuelto a salvarme y si, queréis, a salvaros, me he escapado recatadamente. Decid, pues, si deseáis o no huir de este monstruo insaciable. para habitar con las Náyades en la corte de Baco. Vuestro padre, aunque permanece en la cueva, aprueba mi proyecto; pero es débil y le toma tal gusto a la bebida que está sujeto a la copa, como un pajarillo que, cogido en la liga, agita en vano las alas. Mas vosotros que sois jóvenes, salvaos conmigo y os reuniréis a Baco, vuestro antiguo amigo, bien distinto del Ciclope.