AGAUE in «Die Bakchen»

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Acto V 

Agave con el coro, después Cadmo. 

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AGAVE: ¡Oh, los de la tierra de Tebas, que una ciudadela de hermosas torres habitáis, venid para que veáis esta pieza, esta fiera que las hijas de Cadmo hemos cobrado, no con los dardos con aletas de los tesalios, ni con redes, sino con la fuerza de nuestros blancos brazos. ¿Después de esto habrá que tener vanidad cuando se necesita adquirir los instrumentos del armero? Nosotras con la propia mano matamos a éste y descuartizamos las coyunturas de la fiera. ¿Dónde está mi viejo padre? Que venga cerca. ¿Dónde está mi hijo Penteo? Que levante junto a la casa la armazón de una escala, para que clave en los triglifos esta cabeza de león que he cazado y traigo yo. [...] Padre, orgulloso puedes estar de que has engendrado unas hijas las mejores con mucho entre los mortales. De todas lo digo, mas sobre todo de mí, que dejé las lanzaderas junto al telar y he llegado a mayor cosa, a cazar con mis manos. Traigo en mis brazos, como ves, estas primicias que he ganado, para que delante de tu casa sean colgadas: tómalas, padre, en tus manos. Orgulloso con mi pieza invita a tus amigos a un banquete, porque eres bienaventurado, bienaventurado, de que nosotras hayamos hecho esto. [...] ¡Qué torpe es la vejez de los hombres y qué tímida de vista! Ojalá que mi hijo hubiese sido buen cazador, comparable a su madre cuando entre las jóvenes tebanas sobre las fieras se lanza. Pero de oponerse a los dioses sólo es él capaz. Tú has de cuidarte de él padre. ¿Quién querría llamarle a mi presencia, para que me vea feliz?