FAUST in «Faust - Teil 1» II.

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Escena XIV - Un bosque y una caverna. 

Fausto solo.

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FAUSTO: Espíritu sublime, tú, tú me has dado todo cuanto anhelaba. No en vano, me echaste profundas miradas, desde el seno de la llama. Me has hecho dueño de la pujante naturaleza; me has dado fuerza para sentir y gozar. No te has limitado a permitir que me pusiera en contacto con ella por medio de la admiración, no; también me has permitido que pudiese leer los secretos escondidos en las profundidades de su seno, como leo en el corazón de un amigo. Tú presentas a mi asombrada vista gran multitud de seres vivientes y me ensenas a verá mis semejantes en los escondidos zarzales, en el aire y en las aguas. Y cuando muge la tempestad en el bosque, cuando abatiendo los gigantescos pinos estropea, desgaja las ramas y los árboles, cuando la colina responde al rumor de su caída con un sordo y espantoso trueno; entonces tú me conduces al interior de la tranquila caverna; entonces me pones a la vista mi propio interior y descubro los secretos y las profundas maravillas de mi corazón. Y ante mi vista se remonta la luna serena esparciendo pálida claridad a mi alrededor; del seno de las rocas y de los húmedos zarzales veo desprenderse flotando, las blancas imágenes de los que ya no existen; con su presencia dulcifican el austero placer de la contemplación. ¡Oh! cuán cierto estoy al presente de que nada hay que sea perfecto para el hombre! Al lado de estas delicias que van identificándome con los dioses cada vez más, me has colocado un compañero del que no puedo prescindir, a pesar de que con su frialdad y arrogancia me hace comprender que valgo muy poco y de que reduce a la nada tus dones con un soplo. Incesantemente aviva en mi corazón el fuego que me devora y me atrae hacia una dulce imagen. Como si estuviese ebrio, me siento arrastrado del deseo del placer, y cuando en brazos del placer me hallo, los encantos del deseo anhelo. (Aparece Mefistófeles.)